miércoles, 28 de mayo de 2014

María de Villarino (1905-1994)




Dijo Salomón Wapnir:

      Digamos sin reticencias la amplia palabra que nos dicta el pensamiento: he aquí un libro de versos. Un auténtico libro de versos.
     Era indispensable la urgente presencia de un esfuerzo literario concebido por la pureza de Calle apartada. Este libro de María de Villarino llega repleto de motivos que nos revelan una austera serenidad de pensamiento, ligada a las mejores disposiciones para expresar en la sugestiva forma del verso, sus impresiones y sensaciones.
      Es, pues, Calle apartada un libro de poesía en lo que tiene de más puro y esencial esta manifestación de belleza....

(En Claridad, Buenos Aires, 1929)


Dijo Gabriela Mistral:

     He leído sus versos nobilísimos de Tiempo de angustia. Digo nobilísimos por el alma madura y de clima superior de país de meseta que hay en ellos. Como clima, constante y a la vez rico y ligero.
     Es una dicha muy grande -yo recuerdo su cara- la de empezar a vivir con ese espíritu tan seguro, tan afilado, tan señor.
     Habríamos hablado de muchas cosas. Pero este viaje mío ha sido atarantado, loco y bobo. Y pocas esperanzas tengo de volver. Por eso más me duele esta pérdida. Le dejo en estas frases breves una admiración cabal, cabal y el deseo de una amistad que le ofrezco y le doy desde luego.
     No se abandone usted. Cuide su vida de la calle, de la urbe, de la mundanidad. Usted es un regalo precioso para su raza y en ella para mí, María de Villarino, profunda amiga.

(Buenos Aires, 1938)


TRES POEMAS

Octubre

  DE aquella muerta tierra y anegada
brotó fecundo el tiempo de la siega.
Y en hazas donde el sol no siempre llega,
su oro la espiga yergue coronada.

  Sombra lacustre en musgos afelpada,
henchido brote, fronda que sosiega,
pecado de morir en muerte ciega
por climas de recuerdos, desterrada.

  Octubre floreciendo: alas que llevo
de ser entre sus manos. Hoy de nuevo
la luz atreve lo que ayer rehuía.

  E hiriendo sombras de la noche larga
bebe frescuras de la tierra el día
donde medraba la raíz amarga.


Transpresencia de la imagen


  ¿QUÉ es de la imagen que en la luz flotante
de un fondo de conciencia revivido,
fugaz, como entrevista en el olvido,
llega y huye, y se hace más distante?

  ¿De dónde viene? ¿Cómo fue el errante
recuerdo de su paso así perdido?
¿Pudo ser un deseo no cumplido,
inapresable sí, pero constante?

  ¿Qué segundo anticipa o de qué abismo
azul retorna en transparencia muda?
Por qué el interrogante de esta duda

  que la precede al ser por vez primera:
"¿Cuándo, en qué tiempo ya viví esto mismo,
en qué espacio esta imagen así era?".


Otoño serrano

  ¡LUZ y frescor en las sierras!
Alborozo del paisaje
bajo la gracia abrileña.
  Timideces del otoño
por llevar a los follajes
su palidez de hojas muertas.

(De: Antología poética, Buenos Aires: Losada, 1958)











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