jueves, 29 de mayo de 2014

Jorge Vocos Lescano (1924-1989)









Dijo David Martínez:

     Libro tras libro, poema tras poema, no desmayó en la búsqueda y el ahondamiento de un lirismo auténticamente sentido y expresado con acento cristalino convincente y de renovada transparencia. En esto, su actitud estética se ha mantenido al margen de modos y de modas; rasgo destacable, por cuanto le ha permitido el hallazgo de su propia individualidad dentro de una línea de expresiones perdurables.

(En: La Prensa, Buenos Aires, 22 de agosto de 1971)

No es hora

NO, que para mí no es hora
de cambiar así;
no es hora, siendo el que fui.

Como zumba el colibrí
sin parar desde la aurora,
zumbando de amor en mí
traigo la madrugadora
sangre desde que nací.

No, siendo el que soy, no es hora,
no puedo parar aquí.
Y mucho menos ahora,
ahora que ya te vi.


Si apenas te he visto, pues...

SI apenas te he visto, pues, y el suelo
se mueve entero bajo mis pies,
cómo me iré a sostener después
cuando se me venga encima el cielo.


Entrega

COMO ese árbol que a todo
lo que está cerca, lo va llenando
del roma de su fruta en sazón,

yo quisiera, quisiera de igual modo,
por todas partes ir desparramando
la luz que pones en mi corazón.


Hacia el alba

DAME la mano.
No pienses, sigue dormida.
Qué hermoso es ser un simple ser humano
junto a otro ser, queriendo y en la vida.

(De: Queriendo y en la vida, Buenos Aires, 1972)




Sigfrido Radaelli (1909-1982)


Radaelli por Leopoldo Presas





Dijo Carlos Mastronardi:


     Una exaltación que no excluye el apacible tono coloquial, una elocuencia sin elocuencia, imprime su tono a estos admirables poemas. El poeta se acerca a las cosas y las vidas; un manso franciscanismo lo consustancia con la verdad de todo lo creado. Otras veces lo desvelan los grandes enigmas; entonces su conmovedora voz pide la cifra de aquello que nos rige desde la sombra. Pero su palabra siempre es afirmativa y celebratoria. 
     Huelgan mis consideraciones, ya que toda poesía firme se impone como una evidencia, como un hecho de la naturaleza...


(En: El Diario, Paraná, 13 de octubre de 1966)




Las rocas y el mar

¿Quién no observó el juego extraño, la labor sin sosiego
del mar frente a las rocas?
Desde lejos viene hacia aquí un murallón de olas,
alto, brillante, rápido.
Viene hacia aquí el oleaje, hacia el borde del mar;
replegándose
sube y baja su lomo
y de golpe se estrella contra las rocas, entre espumas.
Desde lejos, el oleaje podría ser un muro ondulante
que viene a azotar cruelmente las piedras de la orilla
entre bramidos de furia y de posesión.
Pero tal vez podría ser algo tan distinto: una inmensa caricia de agua
formada por saltos, por vértigos resplandecientes,
por rumorosas cascadas
que no buscan más que cubrir las piedras por un instante,
llenarlas de luz
y dejarles un terciopelo verdoso y húmedo
que se lleva bien con el misterio de las piedras,
con sus pasadizos, con sus insondables recovecos.

¿Y si fueras tú esa ola
que cuando va a castigar abraza con un susurro
y deja en la roca callada su luz
y su secreto?


La ausencia

Ya sé, los dos sabemos
que si te alejas hoy es para volver mañana.
O sea que mañana te veré nuevamente.
Está bien.
Pero hoy si te alejas para volver sin plazo,
si es eso lo que ocurre,
o sea ya no sé si veré mañana
o en un mes
o en un año,
ya no sé entonces si nunca volveré a verte.
¿Y entonces, Dios mío, hoy es la última vez que te veo
y esta tarde la última,
son estos minutos los últimos?

Ahora sé qué es no saber nada de nada.
Todo ha cambiado de golpe. Enfrente de mí
un agujero inmenso y negro, y en mis oídos resonando
un eco lastimero y largo.
A mi alrededor todo es vacío.
Hablo y me detengo,
vuelvo a hablar solitario, escucho asombrado mi voz
y vuelvo al silencio.
¿Qué sentido tienen ya las palabras
o los murmullos o el recuerdo o las pruebas del amor?

Los signos

Decir: adiós,
levantar una mano y agitarla
con alegría o con tristeza.

Decir: hola, qué tal.
Decir: hasta mañana,
con una mirada,
tal vez con una sonrisa también.

Decir: te he comprendido hasta el fin,
con un apretón de manos,
un largo apretón.

Decir que esta tarde ha sido hermosa
porque en la tarde estuviste tú.
Pero decirlo sin palabras,
sin gestos,
sólo con mi silencio.

(De: Tiempo sombrío, Buenos Aires, Losada, 1975)

miércoles, 28 de mayo de 2014

María de Villarino (1905-1994)




Dijo Salomón Wapnir:

      Digamos sin reticencias la amplia palabra que nos dicta el pensamiento: he aquí un libro de versos. Un auténtico libro de versos.
     Era indispensable la urgente presencia de un esfuerzo literario concebido por la pureza de Calle apartada. Este libro de María de Villarino llega repleto de motivos que nos revelan una austera serenidad de pensamiento, ligada a las mejores disposiciones para expresar en la sugestiva forma del verso, sus impresiones y sensaciones.
      Es, pues, Calle apartada un libro de poesía en lo que tiene de más puro y esencial esta manifestación de belleza....

(En Claridad, Buenos Aires, 1929)


Dijo Gabriela Mistral:

     He leído sus versos nobilísimos de Tiempo de angustia. Digo nobilísimos por el alma madura y de clima superior de país de meseta que hay en ellos. Como clima, constante y a la vez rico y ligero.
     Es una dicha muy grande -yo recuerdo su cara- la de empezar a vivir con ese espíritu tan seguro, tan afilado, tan señor.
     Habríamos hablado de muchas cosas. Pero este viaje mío ha sido atarantado, loco y bobo. Y pocas esperanzas tengo de volver. Por eso más me duele esta pérdida. Le dejo en estas frases breves una admiración cabal, cabal y el deseo de una amistad que le ofrezco y le doy desde luego.
     No se abandone usted. Cuide su vida de la calle, de la urbe, de la mundanidad. Usted es un regalo precioso para su raza y en ella para mí, María de Villarino, profunda amiga.

(Buenos Aires, 1938)


TRES POEMAS

Octubre

  DE aquella muerta tierra y anegada
brotó fecundo el tiempo de la siega.
Y en hazas donde el sol no siempre llega,
su oro la espiga yergue coronada.

  Sombra lacustre en musgos afelpada,
henchido brote, fronda que sosiega,
pecado de morir en muerte ciega
por climas de recuerdos, desterrada.

  Octubre floreciendo: alas que llevo
de ser entre sus manos. Hoy de nuevo
la luz atreve lo que ayer rehuía.

  E hiriendo sombras de la noche larga
bebe frescuras de la tierra el día
donde medraba la raíz amarga.


Transpresencia de la imagen


  ¿QUÉ es de la imagen que en la luz flotante
de un fondo de conciencia revivido,
fugaz, como entrevista en el olvido,
llega y huye, y se hace más distante?

  ¿De dónde viene? ¿Cómo fue el errante
recuerdo de su paso así perdido?
¿Pudo ser un deseo no cumplido,
inapresable sí, pero constante?

  ¿Qué segundo anticipa o de qué abismo
azul retorna en transparencia muda?
Por qué el interrogante de esta duda

  que la precede al ser por vez primera:
"¿Cuándo, en qué tiempo ya viví esto mismo,
en qué espacio esta imagen así era?".


Otoño serrano

  ¡LUZ y frescor en las sierras!
Alborozo del paisaje
bajo la gracia abrileña.
  Timideces del otoño
por llevar a los follajes
su palidez de hojas muertas.

(De: Antología poética, Buenos Aires: Losada, 1958)