jueves, 18 de agosto de 2011

Osvaldo Guevara (1931)



Dijo Julio Requena:

...La poesía de Guevara es esencialmente metafórica y vorazmente paisajística. Estas dos cualidades configuran un sistema expresivo con potencia singular. En su obra LA SANGRE EN ARMAS se detecta una voz lírica sacudida por el viento de una búsqueda palpitante de versos afiebrados, anhelantes de los contornos reales más que de las apariencias intangibles. Por eso es una poesía que quiere sentir con todo el cuerpo, más que con toda el alma. Y por eso es una poesía que se abre las venas sobre la realidad para inundarla de sangre sensual de sangre espesa y paradisíaca, de "sangre en armas", según el propio titulo del volumen. Alejándose deliberadamente de las preocupaciones reflexivas y metafísicas de muchas corrientes actuales de la poesía, se declara a sí mismo un primitivo mental. Esto lleva a suponer que, frente a la Invasión de una poesía desnutrida de lenguaje figurado, Guevara no es tanto un poeta nacido a destiempo, cuanto a contratiempo. Leyéndoselo, se verá que implícitamente propugna un retorno a la revitalización de las palabras apreciadas como seres encarnados y no como espectrales signos de la comunicación humana. Quizá en pocos como él reine esa ansia por lo sustancioso y germinal y que para Gabriel D'Annunzio era "la vida múltiple y multiforme, vibrante, sonora y atrayente”. Ansia por un universo de discurso poético donde las palabras no sean meros canjes conceptuales fino concreciones sensuales del imaginar .....

...Rimas generosas, adjetivaciones inusitadas, alejandrinos rítmicamente subyugantes, comparaciones arrancadas de las más insólitas perspectivas, compusieron la reforma modernista. La lírica de Guevara acapara estas condiciones y se complace en querer demostrar que él pudiera ser muy bien un continuador de la esplendidez verbal de aquellas épocas. Por supuesto que sólo emplea esta técnica estilística para informar sus estados de ánimo. En su fondo, en su temática, no desoye los reclamos plurales del hombre, cualquiera sea su procedencia terráquea, su grupo sanguíneo ideológico...
...Los sonetos de Guevara son en algunos casos dignos de antología. Teniendo la maestría de un parnasiano, maneja el contenido con la pasión de un romántico...

(De un trabajo leído por su autor en una audición -
El libro de la semana- del Inst. de Lit. Argentina e Iberoamericana de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba; audición presentada por el Departamento de Cultura de Radio Universidad de Córdoba, en julio de 1962).

Fuente: http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/guevara_osvaldo/la_poesia_de_osvaldo_guevara.htm

Dijo Antonio Tello:

Su suerte es común a la de otros grandes creadores del interior del país que, por el carácter hegemónico de la metrópolis o quizás por el legítimo empeño en no traspasar los umbrales del territorio familiar, su obra no ha alcanzado la difusión y la valoración que se merece.

Fuente: http://www.eldigoras.com/eom03/2004/2/aire31ogv01.htm


Cuatro poemas

Yo pescador

Bajo la tarde de aire espeso y breve
cimbro mi caña y el anzuelo tiro
adonde el agua en mórbido retiro
se embosca insomne como un saurio aleve.

Asechante el instinto, el alma leve,
como una vena mi silencio estiro.
Pienso en sordina, como en clave aspiro
y ni la tarde a pestañear se atreve.

El corcho late. Monologa el hilo
un vibrátil rencor de olfato en celo.
Y ahora el aire breve es como un filo.

Y escapa el pez azul -chispa de cielo-
y mi alma en alto es una caña en vilo,
pero mi instinto, abajo, es un anzuelo.

(De Oda al sapo y cuatro sonetos, 1960)

El arquero

Aspiro el aire verde del campo estremecido
y es como un pasto tibio y oloroso mi vello.
Hay también una verde ternura en tu vestido
y un murmullo de tierra se te paga al cabello.

Como el nervio de un brote mi tacto en tu cintura
siente el fluir la vida vegetal y cimbrante.
Tu garganta es un pozo sonoro de frescura.
un cumpleaños de fruta te sazona el semblante.

Con un húmedo anhelo de planta trepadora
voy rastreando tu cuello, tu escote, tu corpiño.
te deslíes como una llovizna y se colora
de atardecer tu rostro, mientras te desaliño.

La sombra se lastima la enagua en un alambre
que resentido acecha con sus uñas de púa.
Un relincho nupcial punza como un calambre
y es mi olfato en tu piel una terca ganzúa.

Nos amamos. La noche se aplasta contra un charco,
yo he sorbido, besándote, tu sangre como un vino.
Y se crispa mi sed como apuntando un arco
desde el temblor de tu alma al centro del destino.

(De La sangre en armas,1962)

Rosa

Y anda otra vez la lluvia por el techo
con su ternura naufraga y ruidosa,
y el fío de la ausencia, el frío, Rosa,
se me viene a las sábanas y al pecho.

Sin tu voz todo está como deshecho,
sin tu mano es un hueco cada cosa,
sin tu pisada duele esta baldosa
y es otro mueble sin tu olor el lecho.

Llueve. Pienso en la sombra. El cuarto es grande.
La soledad, como un hollín, se expande
por este aire de cal y ropa muerta.

Si estuvieras, no sé qué te diría,
pero creo que no me importaría
tanta lluvia en la noche tan desierta.

(De Los zapatos de asfalto, 1967)

Niña Carmen

Niña Carmen: anoche he comido unas uvas
dulces
como sus ojos.
Yo regresaba solo a pieza de hotel.
Iba subiendo, solo, esa escalera
queme pone en los pies lejanías de barco.
Y me salieron al paso los racimos
de un parral numeroso
que lo rodea todo como una sombra verde.
Mi mano deshabitada
que venía de no tocar tu pelo
fue tocando las uvas.
Mi boca desierta
que volvía de hablarle a usted
con la cautela con que una llovizna
se acerca a una paloma
fue comiendo las uvas
lentamente
sintiéndolas
perderse en mi garganta como imposibles besos
oyéndolas
penetrar en mi cuerpo y en mi vida
convertírseme en sangre
una sangre de miel y fuego suave
que cantará en mis venas para siempre.
Minuto tras minuto
uva
tras
uva
seguí yo en la escalera del hotel silencioso
a esa hora en que los huéspedes duermen
pesadamente
o se dejan estar
en un sopor insomne
recordando
olvidando
distintos
ni educados vulgares o feroces
con la brasa indolente del verano
en las respiraciones y las sábanas.
Una sensación honda
delgada
casi como una pena pero sin sufrimiento
entraba en mi memoria
mis manos
mi destino
(una sensación que iría conmigo hasta la pieza
y allí se quedaría
como un agazapado amanecer
hasta este día
este poema).
Y las hojas aún tibias del parral
era una frescura de canción olvidada
de aire envolviéndome el corazón
como un agua
una luz
como una cabellera de mujer.
Inmóvil
subía por las uvas
hasta empujar los racimos del azul con la frente.
Y ya no estuve solo. No me pesaban
enero
los zapatos
la escalera
los años y perjuicios
las habitaciones sordamente entreabiertas
el roce de la noche despierta como un pulso
el amor que no llovió en mi sed
las estrellas cansadas y espesas del verano.
Esas uvas
tan lentamente dulces
tenían el aroma
el color
el sabor de sus ojos
Niña Carmen.

(de Niña Carmen, 1988)


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