lunes, 8 de agosto de 2011

Norberto Silvetti Paz (1921-2005)




Dijo Alberto Girri: (…) Añadiría, con arreglo a tal actitud, que vistos desde el ángulo de ensayos los poemas de Silvetti Paz están más cerca de las meditaciones de Marco Aurelio que del “Essay of Man” de Pope, pongamos por caso, y que como ‘elegías’ son más afines a la pasión y dolor reflexivos de textos del tipo de “In Memory of W. B. Yeats”, de Auden, que al “Adonais”, de Shelley, por ejemplo. Estas consideraciones, que acaso suenen caprichosas, me hicieron percibir lo que estimo el mérito central de “Ensayos Elegíacos”: su seguridad esencial, de tono extrañamente clásico, en el tratamiento y materia de los poemas, articulándose y fusionándose con una notable destreza imaginativa. (…)

Dijo Horacio Ponce de León: (…) Aunque advierto al lector que nuestro poeta es sobrio en el beber, mesurado en el yantar como en sus otras necesidades, que su bolsa no suele estar tan llena de dineros cuanto de imágenes su alma. Mas no quiero abundar en detalles; baste con decir, como corona de esta semblanza, que si el lector abre este libro no lo cerrará de enseguida, sino que antes abrevará de él todo lo que en sueños, lágrimas y suspiros atesora. (…)



TRES POEMAS:

PARA UNA NUEVA VIDA

PARA una nueva vida,
de flor en flor recogeré las verdes
claridades, la miel, las tempestades
ciegas de la vigilia, el lodo
oscuro del dolor de tanta noche
largamente perdida
en vano.

Alzaré los países de la infancia
donde corriendo voy –yo, el quimérico
juguete de las horas, el cautivo
de la edad, arrojado
de piedra en piedra a la ribera inhóspita,
ciegamente, hacia abajo,
sobre el párpado húmedo de la tierra
donde los frutos se deshacen
contra el viento enemigo que persiste
de todos los rincones.

¿Qué será de estas lúcidas formas,
de tanta flor de espuma marchitada
sobre el labio inocente del atardecer,
del que mis ojos sorben
la dicha elemental que nutre al pájaro?
Allí, desde el regazo
de la planicie hacia las cosas miro,
hacia el río infatigable
-pródiga luz por dentro-
donde quisiera detener este paso
mortal, mientras palomas impasibles
traen la dicha última a mi frente.

De EL EXTRAÑO MUNDO (1956. La Plata: Ediciones del Ministerio de Educación)

LLANTO POR LA MUERTE DE UNA ESTRELLA DE MAR

Ans Haff nun fliegt die Möwe,
Und Dämmerung bricht herein.
STORM.

Cae la noche sobre la oscura playa
donde tú duermes, abandonada por el mar,
golpeada, sola, bajo enormes estrellas;
sin ángel, ante el viento que reúne la espuma,
más allá de la cuál sólo el olvido
preserva antiguas cosas:
un barco, los adioses, una fotografía,
un olvidado ramo de violetas.

Sobre tu diminuta, estéril muerte
termina el día su acostumbrado giro,
mientras la oscura eternidad
nos deja a ti y a mí sólo las sombras
y el desconsuelo sobre el mundo.

En este ocaso, pobremente hundida
debajo de la arena,
sobre tu pecho juntaré tus manos,
para que el arco de la luna
arroje sobre ti su memorable orgullo,
y ya el Angel te encuentre
en el lejano atardecer del término,
segura ante el Señor de la profundidad,
a cuyos pies dejo en tu nombre
la sal, la pena inútil de mis lágrimas.


De Las Noches y La Pena (1957. Buenos Aires: Editorial Albatros)

Destilaciones

A veces, cuando el atardecer,
por entre ráfagas de sombra,
nos permite insertarnos
en la dirección de la noche,
yo pienso en ti, imagen
abandonada en la penumbra
que entre viejos muebles avanzas
como desvencijado tren.

Hacia el fondo del resplandor
de tu inútil memoria
quisiera descender, entonces,
por el liviano aire interior
a la fundación de mi vida,
ya que de antiguo sé
que el perro devorador
que desde adentro nos vigila
será tal vez lo único
que piadoso lamerá nuestro nombre.

El odioso ligamen
con lo frágil nos ata
a la disconforme confesión
de que no somos dioses,
ni nuestra sangre el perfumado
licor de la divina arteria.
¿Qué dioses lloran? En silencio
penetra el vino en mí: su oficio
es hacer transparente
los muros y del sueño
puente hacia los abismos.
La cola de la música golpea,
nos hiere, cae el sexo
deshecho y lo moral
huye de nuestros huesos.
¿Qué música podrá por fin domarnos,
abrir puertas, las únicas
que de nosotros saben
la nocturna miseria?
Música que al infierno destrona,
asexuada legislación
de la quimera y de la muerte.
Sobre la cabeza del hombre
allí dormido trenza
el amor su cadena, lanza
su realidad la alondra.
Lo que es del aire vuelve al aire,
lo que fuera del corazón
al viento.

De Ensayos Elegíacos (1968. Buenos Aires: Editorial Sudamericana)

Dibujo de Herberto Redoano

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