jueves, 11 de agosto de 2011

Alfredo Veiravé (1928 -1991)




Dijo Carlos Germán Belli: En realidad, Veiravé no es rebasado por lo irracional, ni tampoco se adentra a fondo en lo sobrenatural. Curiosamente, en él, lo maravilloso se torna familiar, cotidiano, diríamos al servicio del lector medio. Por su espíritu llano y acaso ligeramente lúdico, muchos de estos poemas están destinados a discurrir en el futuro sin problemas de incomunicación, tal como ocurre por ejemplo hoy en día con los famosos móviles de Calder en algunos países occidentales.

Dijo Oscar Hermes Villordo: La calidad de la atmósfera que envuelve los poemas de Alfredo Veiravé corre paralela al elogio. Digamos que una extraña lucidez, un sentido aún más extraño del tiempo hecho de temblores ocultos, de resonancias espectrales, y sobre todo de un sentido de la belleza, con rigor impecable aun en los menores matices, hacen del libro de Veiravé lo más maduro de su producción y uno de los aportes atendibles de la nueva lírica argentina.



TRES POEMAS:

Antipanfleto arrojado por los Harriers sobre las Islas Malvinas

Muchachos ¿recuerdan a los Beatles?
¿No se acuerdan de John Lennon?
Un día su hijo trajo del colegio un dibujo titulado
“Lucy en el cielo con diamantes?, Lucy su compañera de banco
la de las trenzas rubias como el oro del Perú
estaba volando por un cielo color azul pintado que no era el de las islas
¿por qué ponerle título a todo mi querido Paul? ¿Por qué no pensar
que algún día tendrás sesenta y cuatro años?
Esos detalles que ustedes saben de la música de
los Beatles con los cuales crecieron; y los que escucharon
“Lucy in the sky with Diamonds” tradujeron
simplemente LSD, él lo niega en sus memorias ahora que ha cumplido
40 años y no sabe que pronto lo asesinarán en Nueva York
frente a Central Park.
Conscriptos argentinos de 19 años
¿recuerdan a los Beatles?
Entonces ¿qué hacen ahí en esas trincheras de agua casi muertos de frío
lejos de sus casas tibias y musicales?
Ríndanse obstinados.
¿Qué harán ante el cuchillo de los gurkas mercenarios y la fuerza del imperio?
Ríndanse insensatos.
Posdata: El perverso panfleto de la guerra no dio resultado, porque ninguno
de los chicos se rindió (aunque los mayores los obligaron a entregar
las gastadas armas calientes de heroísmo) y ahora algunos
todavía
sonríen bajo la nieve con John el de Liverpool
cuando ven a Lucy por el cielo con sus trenzas rubias de diamantes,
en los mares del Sur.

De Radar en la tormenta (1985. Buenos Aires: Editorial Sudamericana)

Vestido folk

Ajeno a las modas de los vestidos de Alemania o de Francia
desconocedor superficial de lo que se usa en esta temporada
no pude dejar de caer rendido a tus pies desnudos
cuando te vi esta mañana con esa blusa folk
calcada de dibujos aztecas llena de flores
de la guerra de los antiguos mexicas o quizá
con esos pájaros azules que volaban sobre
los volcanes de Guatemala pero allí,
atada levemente a tu cintura
ese huipil ese canoro blanco ese bordado de la
era manual alcanzó en mis retinas y en mi pecho
dolorido el nivel de un terremoto de ternuras
simplemente porque debajo de él cabían unos
pechos altos como volcanes y más abajo
una desnudez de océanos no pacíficos solamente comparables con
los colores de sombra de los bananeros tropicales
y con aquellas algas olorosas que enloquecían a Drácula.

De Historia natural (1980. Buenos Aires: Editorial Sudamericana)

Y por último

Y por último la función de la palabra o del lenguaje
de los monos que apenas suple
la transmisión del pensamiento.
O sea la escritura el tiempo que lleva para componer
un discurso un poema un tratado loable en las más raras circunstancias a saber:
en una tumba como discurso de despedida del amigo ausente
en el poema que todos leen muy ligero porque llaman al almuerzo del domingo
en la protesta que se dibuja sobre los muros de la ciudad para convencer
a los que quieren creer en la caída de los ángeles anacrónicos
en las revistas para la mujer con sus horóscopos colocados
en lugares visibles
y por último
en un eco que rebota en las paredes de la selva
y es comido por los pumas de la memoria.

De La máquina del tiempo (1976. Buenos Aires: Editorial Sudamericana)



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