martes, 21 de junio de 2011

Sixto Pondal Ríos (1907-1968)


Dijo Córdova Ituburu:

Como ocurre de modo casi invariable con loa artistas de personalidad muy definida, la obra poética de Sixto Pondal Ríos describe, desde sus primeros pasos hasta sus líneas póstumas, la parábola impecable de una perfecta coherencia. Podría aplicársele, sin reservas, la afirmación de Lamartine: "Toda gran vida es el desarrollo de una idea concebida en la juventud". La trayectoria de su poesía, desarrollada a lo largo de un espacio de tiempo de alrededor de cuarenta años, registra ciertas constantes esenciales que le confieren los perfiles de su originalidad, de su autenticidad y de su vigor...La obra de Pondal es, de extremo a extremo, un jubiloso canto a la vida. Este carácter determina su coherencia fundamental. Es la consecuencia de su pasión por la vida, del amor a la vida que tanto inspira su obra como gobierna su conducta, alimenta el sistema de sus ideas, anima sus sentimientos, determina su estética, galvaniza su sueño de la libertad del hombre y pone un temblor cálido, humano, entrañable, en cada una de sus palabras.

Pero el amor a la vida, la pasión de la vida, es inevitablemente inseparable de la conciencia o el sentimiento de la muerte. ¿Amar no es, en definitiva, un aferrarse a algo con el terror de que se nos vaya? En toda actitud de amor, por mucho que el amor invoque a menudo su vocación de eternidad, está presente de modo consubstancial la conciencia, a veces difusa como un presentimiento, de la transitoriedad de lo amado. Y hasta del mismo sentimiento que lo erige en la razón de su existencia. El amor tiembla siempre por su destino. En esto reside su precisa o imprecisa conciencia de la muerte. Por eso es siempre absoluto, excluyente y ávido del instante.

(de La poesía de Pondal Ríos, en Sixto Pondal Ríos. Obra poética, Buenos Aires, Fundación Odol, 1970)

DOS POEMAS

13

Escucho sus palabras como a viajeros que llegaran de un país querido.
Su alma.
Y estoy frente a sus ojos, como ante un camino ambiconado.
Sus sentidos. Cinco caminos que anduve en soledad.
Hacia su alma.

Yo subí mi palabra hasta sus ojos.
Mi mirada le habló, como otra voz.
Entristecí la claridad de sus mañanas llevándole en los ojos la sombra de las noches sufridas.

Sus sentidos. Cinco caminos que anduve en soledad, hacia su alma.
Yo he llegado a su alma, como a una ciudad.

(de Balada para el nieto de Molly, 1928)

VII

Cuando ya no estés aquí,
cuando crucen este lugar personas que no vieron tu rostro
y no exista ni el recuerdo de tu nombre,
el viento mecerá todavía la copa de los árboles,
de otros árboles como estos,
y la lluvia repetirá al caer su viejo rumor.
Sólo habrá muerto para siempre
el pequeño mundo que hay detrás de tus ojos.

Sólo el dolor es nuestro.
Húndete en tu angustia, como en un jardín lleno de niebla
y sabe que ella es menos duradera que las flores,
que estas pequeñas flores que volverán a abrirse
frente a otras ventanas
tras de cuyos cristales se verán otros rostros.

(de Poema sobre la soledad del amor, en Los rostros transparentes, 1959)

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