jueves, 30 de junio de 2011

Eduardo Jonquières (1918-2000)

Eduardo Jonquiéres, imagen de un video de l'Encyclopédie audiovisuelle de l'art contemporain.
Eduardo Jonquières con Julio Cortázar, en París (fotografía de Alberto Jonquières)




DE JULIO CORTÁZAR A EDUARDO JONQUIÈRES



París, 31 de octubre de 1952
Mi querido Eduardo:
Te escribo a los tres días de recibir tu carta. Es un viernes frío y gris, y tengo un rato de tiempo antes de irme a trabajar. Hoy es un doble aniversario para mí. Hace diez años murió Paco, en la noche del 30 al 31. No me puedo olvidar de la luna llena, dura y canalla, que se burlaba sobre el estrecho pasadizo adonde me había refugiado para estar solo, como si no lo estuviese ya demasiado después de sus últimos minutos que vuelvo a repasar como las pesadillas que se repiten. Sé que puedo hablarte de esto a ti, que eras amigo del Mono y que lo querías bien como él a ti (desde tanta parecida diferencia…). Necesito escribir estas palabras, influido por esa tonta sumisión de las fechas, a un tiempo inventado por nosotros, y que da al sentimiento de “diez años” un valor inevitable. Siempre, con cualquier motivo o sin ninguno, pienso en Paco, en su gusto por la vida que la enfermedad le fue retirando de a poco. Cuántos reproches tengo que hacerme sobre mi conducta para con él; nunca creí que pudiera morir así y mil veces le reproché su haraganería, sus proyectos abandonados, su dejarse ir… No comprendía que él estaba seguro (su cuerpo al menos lo estaba) y que la vida con un futuro, con algo que hacer (estudios, trabajo) carecía ya de sentido para él. Años después, a través de Sartre (en Le mur) descubrí lo que Paco no quiso decirme nunca: la pérdida total de comunicación con los demás que invade al condenado. Y yo lo molesté con reproches, fui duro ante sus negligencias, sus resbalones, en lo que yo creía, gran imbécil, el deber. Me acuerdo de sus últimas palabras a mí, cuando todavía le quedaba un hilo de conciencia. Yo le tenía las manos y me dijo: “Julio, yo te he hecho tantas…” Quería agregar algo, pero no lo dejé, lo interrumpí con una frase de aliento, con la mentira fácil de que todo va a andar bien y que no hay que fatigarse. Ni siquiera lo dejé desahogarse en su último minuto. Merezco bien morirme, cuando me toque, con una radio a toda fuerza al lado de la cama. Perdón por todo esto, pero hoy no es un día fácil para mí.



CINCO POEMAS

PRONTO, EL FUEGO

Pronto, pronto el fuego para cicatrizar la llaga.
Pronto el agua para colmar las aguas.
Pronto una piedra de sonido
Para dejar sin voz esa quejumbre.
Pronto una cara para mi cara derribada.
Pronto unos ojos para mirarme ser
Más allá, en el intersticio
De dos, más allá: un origen verdadero,
Una causa que me sea dura
Y que me dure mientras
Vaya tirando.

A DURAS PENAS

El tiempo se estará consumiendo
En algún lado,
La hora desovillando su resabio.)

Entonces
El silencio escarba los oídos
Entre las cuatro tablas de mi vida,
Lavándome y hollándome
En una sola operación juciosa.

(El tiempo estará transcurriendo
Para otros, los días sumándose, gestados.)

Este es el mío para un alma confiscada
Que ejerce su sombra de fantasma
Mientras quedan sueltas las plagas del día
Conducidas en ritual por el sueño.

(Son minúsculos los deberes del dichoso,
Esa incierta certidumbre que gana a los sedientos
Y les hace ver arroyos donde hay mares a destajo;
Son escasos los gestos para tantas caras,
Son apenas las bocas para sonrisas numerosas
Y una sola la conducta
Con que regir vidas distintas.)

Aglomerado al pie de una semana
Ya dimos nuestro tiempo como pasto
A la oscura misión de agentes sin destino.

Por eso se hace añicos el futuro
Entre mudanzas de días y de siglos.
Por eso esperamos, todavía,
Cuando todo está ocurriendo.

EN MEDIO, EL ALMA

D´une seule caresse
je te fais briller de tout ton éclat.

Paul Eluard

Cuando lo toco
Dice que sí el día,dice que sí un cuerpo
Puesto a sentir con todo el cuerpo.
Cuando la toco
Dice que no la noche, dice que no una sombra
Puesta a negar con toda sombra.
Entre el día y la noche
El alma levanta su espada inescrutable,
Yergue su compás de viento,
Delata su medida insuperada.

(de Por cuenta y riesgo, Buenos Aires, Mundonuevo, 1961. Colección El hilo de viento)

HAY OTRO EN MÍ...

Soy yo, yo mismo
El que está en el centro
De esta realidad;
Ningún otro, nadie
Responde por mí a las preguntas.
Nadie me sustituye
En mi deber y en mis ocios.
Y soy yo el que ama,
Y yo el que disputa.
Pero ¿quién vive en mí?
¿Quién se atormenta y disfruta?
¿Quién toma a la palabra
En la trama oscura
De su nacimiento
Para hacerla patente y valedera
En el musgo de otro oído?

MAR

La noche pesa sobre el mar.
Su vigor tumultuoso se apacigua a lo lejos.
El viento llama ciegamente,
Suenan las bocinas constantes en su afán.
Nada es igual a nada, en ningún sitio;
Apenas si se oyen las voces exiguas
De estos hijos de la tierra; apenas si algunos
Se aventuran, pesarosos, a nombrar su miseria.
Y el mar alienta más allá,
Temible sordo indefenso, sin distancias ni mareas,
Soñando su reposo, dolorosamente eterno.

(de Permanencia del ser, Buenos Aires, El bibliófilo, 1945)

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