jueves, 30 de junio de 2011

Carlos Latorre (1916-1980)


Dijo Enrique Molina:

No podría decirse que en esta recopilación de sus últimos poemas Carlos Latorre haya cambiado de registro. Su poesía continúa un proceso que, dentro de la imprevisible dirección de sus mecanismos espontáneos, posee una permanente coherencia de expresión y de sentido. En ella parecen negarse y afirmarse mutuamente dos actitudes contrarias del espíritu. Por un lado lo irracional, lo automático, el abandono a la solicitación más inmediata, la mano que surge de la sombra y arroja la tea ardiendo sobre los materiales del incendio; por el otro, a veces el concepto descarnado, la sentencia, el bisel mental preciso, la más directa exposición de un pensamiento conceptual. Esta poesía, de inspiración surrealista en sus primeras manifestaciones, ha ido adquiriendo poco a poco un carácter propio, en el cual diversas modalidades de la poesía moderna se funden en una personalidad que deja de ubicarse dentro de las fronteras de una escuela para asumir su total e independiente calidad poética.

(En Carlos Latorre, La vida a muerte , Buenos Aires, Rayuela, 1971)

Dijo Graciela Perosio:

Al atravesar toda su obra -también la crítica, la teatral, los guiones cinematográficos- una palpita cuerpo a cuerpo con una escritura que se interroga a sí misma con coraje. Esa valentía que le hace decir en una de sus últimas páginas “recién ahora comprendo que nunca supe escribir.” Pero esto, hasta cierta desprolijidad a veces, no lo preocupa. No quiere la exactitud aséptica de la máquina, prefiere mucho más “el tibio olor de la materia en descomposición” y lo que de veras detesta, de lo que abomina, es de la escritura tibia. Lo violenta el “ni fu ni fa” acomodaticio que medra con Dios , con el diablo, con la sombra y el espejo. El verbo de Latorre sólo acepta la vida pasionalmente vivida: “Si la poesía es lenguaje/ que sea lengua madre/ y padre,/ punta de lanza, revólver de cien tiros, /cabecera de puente/ puente que cubra el vacío(...) mesa tendida, sí,/ pero mantel a los cuatro vientos, no bandera de parlamento/ sino trapo de guerra que exija justicia una vez y otra/ y siempre, /que exija paz: himno de fuego” “se puede hablar de amor, sí,/ -se debe hablar de amor- / y de Dios y de bueyes perdidos también. /Lo que no se puede hacer/ es/ no hacer nada/, no decir nada,/ no pensar nada, no comer nada, / no vivir nada.”

Otoño/ 2002.

(En Nunca contestó nadie, Acerca de los textos inéditos de Carlos Latorre publicados en la Antología Los móviles secretos)



TRES POEMAS

ENTRE TODOS LOS MUEBLES...

Entre todos los muebles que adornan los mundos interiores prefiero los carnívoros
Los armarios para las noches de tormenta
Mi lecho de reguero de pólvora
Su lecho para la materia que constantemente se transforma
El amor siempre toma la forma de los cuerpos que lo contienen
La casa se adapta a los hijos que engendra
Por eso entre dos mujeres elijo siempre a la del golpe de gracia
La que ama de arriba abajo
Entre ella y yo ponemos en marcha el largo tren del peligro

(De Otro río que pasa. Un siglo de poesía argentina contemporánea, editorial Bajo la Luna, Buenos Aires, 2010)



AMOR EN PESO NETO

Antes te buscaba reventando caballos
Subiendo las escaleras de dos en dos
Ahora vienen a mí con el rumor que hacen los novios en ciertos aniversarios
Para caer en la trampa por la que asoma una mujer sí y otra no
Las impares siempre más jóvenes
Ahora te amo a mayor densidad por kilómetro cuadrado
Es el amor a precio de costo
La luz se hace con el frotamiento de los cuerpos
Y si te toco provocamos las situaciones extremas
Pero no importa
Ven nos llenaremos los bolsillos de males menores
Y de algunas maneras que hemos heredado

(de El lugar común, Buenos Aires, Letra y línea, 1954)

LA CRÓNICA DEL SUCESO


Artimaña del conocimiento,

sombra del raciocinio que diluye el rojo siempre peligroso de

la sangre,

canjeando blanco

por negro,

enturbiando los colores primarios

y el nítido contorno tanto del objeto

como de la persona

y la positiva relación entreambas.

Hay algo más entrañable,

todavía más ineluctable, si se quiere,

y es la pregunta y la respuesta,

el Yo y su fluir

y todo aquello que por estar fuera de él

pareciera a simple vista ajeno a él,

ya sea materia

o abstracto pensamiento;

vano intento de hacer luz sobre la zona

o vertiente del misterio.

Pensar es un hueso más en el esqueleto original,

un hueso duro de roer,

pero sólo un órgano más cumpliendo su función;

de ninguna manera el sistema o aparato

o clave que revela y pone en movimiento

el cálculo y el azar,

lo deducido o fabulado mediante la práctica del silogismo

y su teorema provisional.

Todo sucede,

nada se explica.

(De Campo de operaciones, Buenos Aires, Rodolfo Alonso, 1973.)

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